Un país en el que parte de la judicatura apesta a otro tiempo, en el que la mitad del espectro político abandona los valores democráticos y en el que la prensa no lo cuenta, es un país en peligro grave
Gerardo Tecé 6/07/2021
Samuel, gallego, 24 años, homosexual, golpeado hasta la muerte por un grupo de personas en una calle de A Coruña al grito de maricón. Fue una agresión homófoba, denuncian los amigos de Samuel, presentes en la escena. No nos precipitemos, repiten los medios, siempre prudentes. Siempre sensatos y responsables, no vayamos a estar aventurándonos poniendo el foco en el lugar que no es. Quién sabe si los golpes al grito de maricón que causaron la muerte de Samuel eran en realidad un nuevo baile de Tik-Tok o una propuesta de disciplina olímpica para los Juegos de Tokio. Quién sabe si nos precipitamos con la muerte de Lorca y los dos tiros por maricón en medio del campo fueron una cuestión de lindes. A propósito. ¿Se han fijado en que cuando hay atentados islamistas, desafíos independentistas o dictaduras comunistas, todo ello es presentado y definido por la característica del autor –islamista, independentista, comunista– pero que si el atentado es fascista –el tipo de atentado más extendido a día de hoy, según el Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo– se define el asunto con un atributo de la víctima? Homófobo si la víctima del atentado es homosexual, racista si la víctima es de otra raza… Lo que haga falta con tal de no nombrar lo innombrable, de no mirar de frente el problema. En el caso de Samuel, ni atentado homófobo por el momento.
Que España tiene un grave problema de fascismo institucional tolerado se demuestra cada día y en todos los ámbitos de poder. Pablo Casado equipara en la casa de la democracia española, el Congreso de los Diputados, el golpe de Estado franquista con la legalidad democrática que derribó a base de muerte. Un discurso, el de Casado, que a día de hoy sólo se puede escuchar de la boca de partidos de Gobierno como el PP en países como Eslovenia, Hungría o Polonia. Potencias mundiales del neofascismo hacia las que nos dirigimos si es que no estamos ya entre ellas. Un país en el que parte de la judicatura apesta a otro tiempo, en el que la mitad del espectro político abandona los valores democráticos y en el que la prensa no lo cuenta, es un país en peligro grave. Lo sabe hasta Abascal.
