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SEPTIEMBRE DE 2025. 

La Transición. La democracia no la trajo el rey, se ganó en la calle

Acabar con la dictadura no fue tarea de unos pocos. Muchos años antes de la muerte de Franco, en las fábricas, en las universidades, en los barrios y en la calle, miles de personas anónimas se jugaron mucho, algunas veces hasta la vida, por traer la democracia a España. La Transición desmontó la estructura del poder franquista, pero fue más violenta e imperfecta de lo que se nos ha contado.

La democracia no la trajo el rey, se ganó en la calle. La nueva revista de elDiario.es profundiza en la historia de la Transición y la dureza de la dictadura de Franco. 

Ahora que se cumplen 50 años de la muerte del dictador, conviene recordar, sobre todo para los nostálgicos, que la España de Franco era un país pobre, triste y lleno de miedo. También que la dictadura murió matando. Y que la libertad, la democracia, no nos la regaló el rey Juan Carlos, ni los políticos de la dictadura reconvertidos en demócratas. Se luchó y se ganó en la calle, en las fábricas, en los barrios y en las universidades. Y a un coste muy alto. De todo esto va el número de septiembre de la revista de elDiario.es, de una Transición dura, difícil, casi milagrosa, pero también imperfecta.

Nicolás Sartoruis y Paca Sauquillo nos cuentan cómo era España en dictadura y cómo se peleó para llegar a la democracia. Carlos Fonseca relata las resistencias del sistema que había controlado el país desde 1939, incluido el golpe de Estado del 23F. Mariano Sánchez Soler hace recuento de los muertos, muchos de ellos olvidados, a manos de la ultraderecha durante la Transición. Mercedes Jansa da un testimonio personal de la lucha en la Universidad. José Antonio Martínez Soler escribe sobre el papel de la prensa. La decepción de muchos exiliados a su regreso tras la dictadura nos la cuenta Laura GalaupJavier Martín-Domínguez analiza cómo se vivió la Transición desde fuera de España. Y Beatrice Bergamín recuerda la huelga de actores que puso en evidencia al régimen en el arranque de 1975. Además, en este número también contamos con tribunas de Ignacio Escolar, Rosa María ArtalIgnacio Sánchez-Cuenca y Elizabeth Duval.

Nicolás Sartorius: Entrevista Ignacio Escolar  “La historia que nos han contado de la Transición es una gran mentira”
Fue uno de los impulsores de la movilización social que empujó la caída del Franquismo y protagonizó en la sombra acuerdos tan cruciales para la democracia como los Pactos de la Moncloa. Fundador de CC OO, militante del PCE en la clandestinidad, preso
político en el Franquismo durante seis años y exdiputado por IU. Cansado de la versión “edulcorada y falseada” que se ha dado de la Transición, recientemente ha impulsado la serie documental ‘La conquista de la democracia’. Sabe de lo que habl“La historia que nos han contado de la Transición es una gran mentira”

“No hubo depuración del Ejército ni de la judicatura, porque a pesar de que la democracia llega a través de la movilización social, no es lo bastante fuerte. Si hubiéramos tenido al lado al Ejército, como los portugueses, habría sido distinto”
“Las críticas que hemos recibido de sectores más izquierdistas no son rigurosas ni verdad.El resumen es: “Si los toros no tuvieran cuernos yo sería torero”

Tribuna: Ignacio Sánchez-Cuenca
Catedrático de Ciencia Política

Hoy la Transición no sería posible, si AP y Fuerza Nueva hubieran tenido el porcentaje de PP y VOX en 2023, los consensos no habrían ocurrido.
Hagamos un simple experimento mental. Supongamos que funciona una máquina del
tiempo y llevamos a los actuales líderes políticos al pasado, al 15 de junio de 1977, el día de las primeras elecciones democráticas. Al llegar a esa época, cada líder actual tiene la misión de sustituir a su homólogo de entonces. En la izquierda todo es bastante sencillo: Pedro Sánchez se hace con el puesto de Felipe González y Yolanda Diaz con el de Santiago Carrillo. En la derecha ya no es tan fácil. ¿A quién reemplaza Alberto Núñez Feijóo? ¿A Manuel Fraga o a Adolfo Suárez? El líder popular preferiría que le tocara Suárez, quien tiene mejor reputación y al fin y al cabo fue el padre de la Transición, pero sería injusto, pues Suárez nunca quiso integrarse ni en Alianza Popular ni, después, en el Partido Popular. Así que a Feijóo le toca hacerse cargo de Fraga, que fue el presidente fundador de Aliana Popular (AP). ¿Y Santiago Abascal? ¿Sustituiría a Manuel Fraga, que al fin y al cabo fue ministro de Franco, o le tocaría Blas Piñar? Adolfo Suárez, por tanto, sobrevive en nuestro juego, pero no hay ningún líder del presente que pueda ponerse en su lugar. Que en la derecha sea más difícil llevar a cabo el experimento mental resulta revelador. Como ha señalado Robert Fishman en su libro ‘Práctica democrática e inclusión’ (2021), supone un gran cambio en la democracia española que el partido centrista de Suárez, la Unión de Centro Democrático (UCD), el partido que dominó la política española en el periodo crucial que va de 1977 a 1982, y en el que encontraron cobijo las élites reformistas del régimen franquista y algunos democristianos y socialdemócratas, colapsara en las elecciones de 1982 y fuera reemplazado por AP, un partido más a la derecha y con una mayor conexión con el franquismo. Ni AP, ni después el PP, han tenido nunca la apertura de miras y la flexibilidad política de la UCD de Adolfo Suárez.
Prosigamos con nuestro experimento. Supongamos ahora que no solo viajan en el tiempo los líderes, viajan también sus apoyos sociales y electorales. Es decir, la AP de entonces, en lugar del 8,2% de las elecciones 1977, obtiene el 33,1% del PP en las elecciones de 2023. Fuerza Nueva, que sacó el 0,4%, tiene el 2,4% de Vox en 2023, una diferencia enorme. En la izquierda, sin embargo, las cosas vuelven a ser muy parecidas: el PSOE consiguió el 29,3% en 1977 y el 33,1% en 2023; por su parte, el PCE logró un 9,3% en 1977 y Sumar un 12,3% en 2023. La pregunta, entonces, es: vaciado el centro, ¿cómo se habría desarrollado la Transición?

Iñigo Sáenz de Ugarte
Corresponsal político y subdirector de elDiario.e

Suárez y el rey: la sociedad que no sobrevivió a la Transición

Suárez fue elegido por Juan Carlos I y Fernández Miranda por su lealtad y su condición de alumno aventajado al que se podría guiar. Con la victoria rotunda en el referéndum del 76, el elegido se convence de que el mérito es suyo. El político servil ya no obedece órdenes.

Carismático, embaucador y hasta mentiroso si la ocasión lo exige, no hay interlocutor que se le resista. “Suárez les ofreció un show de simpatía, imaginación, talento y com-
pañerismo”, escribe Gregorio Morán en su biografía del pre- sidente. Se adelanta a sus inquietudes y se muestra inflexible en los principios. Les dice a los generales, todos franquistas de larga trayectoria, lo que quieren escuchar. El sistema político debe cambiar y se legalizará a todos los partidos políticos, pero no hay nada que temer. No hay peligro de que la izquierda gane las elecciones. Lo más importante para su audiencia: entre los concurrentes, no estará el PCE. No será legalizado. “Por razones que ustedes entenderán muy bien, eso no podemos hacerlo. Por nuestros muertos y por patriotismo”, les dice. Suárez le decía a unos que “en el fondo” era un democristiano y a otros que “siempre” fue socialdemócrata. Era todo lo que querías que fuera y cautivaba con su sonrisa.

Suárez hace efectiva su decisión de legalizar al PCE en abril de 1977. “Llama al Consejo Superior del Ejército y prepáralos para la legalización”, le ha dicho el rey cuando ve que no hay vuelta atrás. Suárez ignora el consejo. Por un lado, no quiere implicar a la monarquía en una decisión muy polémica. De todas formas, no dejará que sean Juan Carlos y el general Armada los que limiten su capacidad de decisión por el miedo a un golpe militar.

La victoria electoral de 1979 supone un ali- vio para Suárez que en seguida queda amortizado. Importantes sectores del poder político y económico (con la CEOE de Carlos Ferrer Salat a la cabeza), por no hablar del militar, creen que la solución ya no pasa por las urnas. Son los tiempos del “golpe de timón” o la “Operación De Gaulle”, y el
momento en que las miradas se dirigen hacia la Zarzuela. El rey deja hacer a los que dicen hablar en su nombre.


Carlos Fonseca
Periodista y escritor, su última obra es ‘23F: La farsa. Historia de una investigación amañada’.

La conspiración permanente

La Transición no fue un proceso modélico, ni pacífico, ni la democracia fue otorgada: la conquistó la ciudadanía en la calle, entre amenazas de Golpe de Estado y, en ocasiones, a costa de la propia vid

A diferencia de Portugal y Grecia, donde los tiranos fueron depuestos, en España el dictador murió en la cama y sus valedores se dividieron entre quienes defendían una
evolución tutelada, los aper- turistas; y quienes aspiraban a un franquismo sin Franco, el búnker. Ni unos ni otros creían en las libertades, pero el pragmatismo hizo que los primeros abrazaran la demo- cracia con la fe del converso.

Ruido de sables: 
UCD ganó con 165 diputados frente a los 118 del PSOE, que se convirtió en el principal partido de la oposición. El PCE, que había liderado la lucha contra la dictadura, consiguió dieciocho representantes, dos más que la Alianza Popular (AP) de Manuel Fraga, una federación de siete asociaciones abanderadas por ex ministros de Franco. Esa era la confi- guración del Parlamento en el arranque de la legislatura encargada de elaborar una Constitución. Al “todo ha quedado atado y bien atado” pronunciado por el dictador al designar a Juan Carlos I como su sucesor, comenzaron a desatárseles los nudos y la jerarquía militar comenzó a conspirar contra la incipiente democracia en una
estrategia de la tensión sostenida por el ruido de sables. Una primera reunión conspirativa tuvo lugar en septiembre de 1977 en la localidad valenciana de Játiva (en Jávea según otras fuentes), donde un grupo de generales debatieron la posibilidad de dar un golpe de Estado que pusiera fin al proceso democrático. Los confabulados acordaron finalmente dirigirse al rey para trasladarle su lealtad e instarle a que, ante la, a su entender, “grave situación política” cesara a Suárez y designara a un teniente general al frente de lo que llamaban gobierno de salvación nacional, un término que sería habitual en las conspiraciones por venir. 

Carlos Fonseca

23F: Cuarenta y cuatro años sin conocer toda la verdad

Las pruebas refutan el relato de que el golpe fracasó gracias a la lealtad mayoritaria del Ejército y a la actuación decidida del rey Juan Carlos I.

Si para la historiografía oficial la transición fue un periodo modélico de nuestra historia, el golpe del 23F fue un “accidente”, un suceso aislado protagonizado por un grupo reducido de militares nostálgicos del franquismo.  Un documento hallado en el archivo personal de Alberto Oliart (ministro de Defensa entre 1981 y 1982) afirma que solo tres de los 11 capitanes generales se mantuvieron leales a la Constitución. El resto permaneció a la espera del discu- rrir de los acontecimientos y si, como estaba previsto, la División Acorazada Brunete (DAC) hubiese tomado Madrid, la mayoría se habrían sumado. Arribistas de la patria que se hicieron demócratas al fracasar el golpe.

El general Sabino Fernández Campo, entonces secretario general de la Casa del Rey, cargo en el que había sustituido precisamente a Armada, cuenta en sus declaraciones suma riales en la causa que a las nueve de la noche del día 23 el monarca habló con Armada, “y después de una conversa- ción que dura varios minutos Su Majestad me pasa el teléfono para que siga hablando con él”. Sabino revela que Armada le hizo partícipe de su disposición a ir al Congreso y ofrecerse como presidente del Gobierno para solucionar la situación. Una propuesta que él trasladó al monarca para,acto seguido, “transmitiendo la orden del rey, que está presente, digo al general que cualquier acción que realice tiene que ser con carácter personal, bajo su propia conciencia y sin invocar el nombre del rey. 

Han transcurrido ya 44 años de los hechos y ninguno de los gobiernos del PSOE o PP ha tenido la voluntad política necesaria para hacer públicos los documentos que nos permitan conocer todos los extremos de lo ocurrido. Sobre el fallo judicial, elevado a la categoría de verdad irrefutable, se sostiene aún hoy el irrefutable relato oficial de lo ocurrido.

Mariano Sánchez Soler

Un reguero de sangre vertida por la democracia

Las víctimas de la violencia de origen institucional fueron silenciadas, pero los muertos y los heridos constituyen el auténtico precio de la Transición y si caen en el olvido pueden morir por segunda vez.

Consenso, simulación, ley del pun- to final… En ese contexto, desde la muerte del dictador hasta la victoria electoral socialista de 1982, España vivió su Transición de sobresalto en sobresalto, pero sin perder de vista la calle, las movilizaciones políticas, la resistencia de sectores de la población que trataban de impedir que se cumpliera el axioma lampedusiano. Para desactivar todoaquello, se utilizó la represión policial y la violencia callejera, el ruido de sables en los cuarteles y la acción de grupos de “incontrolados” amparados en tramas negras policiales.

 Arturo Ruiz. A las doce del mediodía, domingo, 23 de enero de 1977, el joven estudiante Arturo Ruiz García cayó asesinado bajo los disparos de un guerrillero de Cristo Rey. Fue la primera víctima la Semana Trágica de la Transición, que culminaría con la matanza de Atocha.

La bomba contra El Papus. El 20 de septiembre de 1977 estalló un maletín-bomba en la redacción de la revista satírica El Papus, de Barcelona, que mató al conserje Juan Peñalver Sandoval e hirió a otras 13 personas. La autoría fue reivindicada por la Triple A y sus autores pertenecían a la Hermandad Nacional de la Guardia de Franco.

Agustín Rueda. El 13 de marzo de 1978, el anarquista Agustín Rueda Sierra fue apaleado y muerto por numerosos funcionarios de la prisión de Carabanchel (Madrid), durante una acción de castigo por el descubrimiento de un túnel, en la que ocho reclusos fueron torturados bajo órdenes del director de la prisión, el jefe de Servicios y el subdirector.

El Batallón Vasco-Español de Iturbide y Zabala. De todas las siglas utilizadas en la guerra sucia contra ETA, la más usual fue la del Batallón Vasco-Español (BVE). Numerosos comandos de mercenarios y ultraderechistas reivindicaron sus atentados y crímenes en nombre del BVE, con acciones financiadas por los servicios de información del Estado. Desde febrero de 1979 hasta marzo de 1981, el comando estable de Zabala e Iturbide cometió siete asesinatos y numerosos atentados.

La bomba contra El País. Desde el 8 de abril de 1978 hasta el 26 de julio de 1981, un comando actuó impunemente al principio en nombre de la Triple A y después del Batallón Vasco-Español. Eran exmilitantes de Fuerza Nueva, que se vincularon al Frente de la Juventud y crearon una banda especializada en el envío de paquetes-bomba (Club de Amigos de la Unesco, Boletín Oficial del Estado…), liderada por Ramiro Alejandro Rodríguez-Borlado Zapata, de 22 años, y Rafael Alfredo Gómez Álvarez, de 20 años. El paquete bomba que enviaron a la redacción de el diario El País llegó en
la mañana del 30 de octubre de 1978. El artefacto explotó y José Andrés Fraguas, de 19 años, falleció. Juan Antonio Sampedro y Carlos Barranco, quedaron gravemente heridos.

Ejército Español de Liberación. Desde septiembre de 1979 hasta febrero de 1980, en Barcelona, un comando de extrema derecha formado por activistas de Fuerza Nueva y agentes de la Policía Municipal y de la Guardia Civil realizaron atentados, incendios y robos reivindicados primero por la Triple A y después por el Ejército Español de Liberación (EEL). Manuel Reinero Banda, hijo y hermano de guardias civiles, organizó su pequeño ejército y actuó en la frontera entre la delincuencia común y la política.

El Largo Adiós. En la noche del día de Reyes de 1981, horas después de que Adolfo Suárez dimitiera como presidente del Gobierno, los estudiantes menores de edad Francisco José García Ruiz, Luis Alfonso Esteban Rebollo y Alfonso Milans del Bosch y Jordán de Urries, realizaron una “operación de castigo” contra el pub El Largo Adiós, de Valladolid. Aunque el artefacto incendiario no llegó a estallar, de los tres disparos que hicieron en el interior del bar, dos alcanzaron al estudiante Jorge Ignacio Simón Escribano; una delas balas le rozó el cuero cabelludo y la otra le produjo una paraplejia irreversible con perdida funcional de movimientos en la pierna derecha.

Violencia de origen institucional El aparato de Estado y las instituciones reglamentadas se funden y se combinan en la comisión de los actos de violencia. Estas relaciones fueron claras en el caso que significó un punto de inflexión en la Transición: la matanza de los abogados laboralistas de Atocha, organizada por funcionarios del Sindicato de Transportes y por militantes de Fuerza Nueva, y relacionada con miembros de la Brigada de Información (antigua Brigada Político-Social, la policía política del franquismo).  Murieron: Francisco Javier Sahuquillo Pérez del Arco, Javier Benavides Orgaz, Serafín Holgado de Antonio, Ángel Elías Rodríguez Leal y Enrique Valdelvira Ibáñez. 

El domingo, 9 de mayo de 1976, durante el ascenso anual de los carlistas a la cima de Montejurra (Estella), el excomandante del Ejér- cito de Tierra, José Luis Marín García Verde, seguidor del carlista ultra Sixto de Borbón y miembro de Comunión Tradicionalista, mató de un disparo a Aniano Jiménez Santos, miembro de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC). También murió el joven Ricardo García Pellejero, ametrallado en la cima del monte por disparos de Francisco Carreras García Mauriño. Otras cuatro personas quedaron heridas de bala. Entre los agresores armados fueron identificados y fotografiados neofascistas italianos, Guerrilleros de Cris-to Rey, miembros de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, carlistas ultras de Comunión Tradicionalista, mercenarios como Jean Pierre Cherid. 

Ya con la Constitución vigente,el 2 de febrero de 1980, la dirigente estudiantil Yolanda González Martín, de 19 años, fue secuestrada y asesinada por un comando compuesto por militantes de Fuerza Nueva (Emilio Hellín Moro, Ignacio Abad Valavázquez, Félix Pérez Ajero y José Ricardo Prieto Díaz)  y organizado por el jefe de seguridad del partido de Blas Piñar. Yolanda procedía de las Juventudes Socialistas deVizcaya, estaba afiliada a Comisiones Obreras como trabajadora de la limpieza, y era militante del Partido Socialistade los Trabajadores.

Con Yolanda quiero recordar los rostros de algunas de aquellos jóvenes a quienes arrebataron la vida comandos de supuestos “incontrolados” o la represión policial. Hoy estarían entre nosotros. Eran estudiantes (Carlos González, Arturo Ruiz, Mari Luz Nájera, José Luis Alcazo, Jorge Caballero, Andrés García…), jóvenes trabajadores (Teófilo del Valle, Vicente Cuervo, Arturo Pajuelo, Miquel Grau, José Manuel García Caparrós…), conserjes (los ya citados de El País y El Papus), un ama de casa (Norma Menchaca)… Mientras se movilizaban por la democracia y la amnistía, muchos de ellos tuvieron la mala suerte de encontrarse con los verdugos.

Tag(s) : #MEMORIA HISTORICA
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