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                                                       Estepona 20 de Enero de 2014

 

 

PROMETO POR MI CONCIENCIA Y HONOR…

 

¿Es la derecha más o menos eficiente que la izquierda en la gestión de los asuntos públicos? O más bien, la eficacia reside en la elección de los “gestores”. Los candidatos de la derecha, en líneas generales, ¿son gestores más o menos eficientes, más o menos  “cualificados” que los candidatos de la izquierda?  Como diria un castizo, habrá de todo, como en la viña del señor.

La ideología, plasmada en un programa electoral ha de ceder, llegado el momento, su protagonismo a la política, y es en el incumplimiento de los programas electorales donde el fraude hacia el electorado se visualiza de una forma más  grosera. Es ahí donde los candidatos de la derecha si son más  eficientes que los de la izquierda.

En este aspecto la derecha, véase el caso del programa electoral del PP en las últimas elecciones generales del 20 de Noviembre, elaboró un programa con un barniz de partido liberal al uso de sus homólogos europeos, y sin embargo es el fiel reflejo de un partido que ha ideologizado la gestión del interés general llevándolo hasta posiciones extrema, más propia de una derecha trasnochada que de un partido conservador moderno y que ha sido incapaz de sintonizar con la ideología que dejaba traslucir su programa electoral. Han pasado a su propio programa electoral por la derecha.

Visto desde otro ángulo, es cierto que la izquierda, cada vez menos, cuando antepone la ideología al interés general, que no siempre tienen porque ir de la mano, hace fracasar a la política, esto sucede cuando se pone encima de la mesa de negociación la doctrina.

Y de este conflicto permanente entre programa y política, entre doctrina y gestión, surge el dilema del compromiso. El compromiso adquirido ante los ciudadanos y para con los ciudadanos. Un compromiso cuyo marco es el programa electoral. Pero claro, sucede que quienes elaboran los programas electorales no suelen ser los mismos que después han de llevarlo a la práctica. Otra vez la ideología en conflicto con la gestión de la política.

Estamos inmerso en un sistema electoral en el que se exige a los cargos electos la lealtad al partido por encima de la lealtad a los ciudadanos y donde la disciplina partidista, en este caso la “ideología” mal entendida y peor exigida prima sobre el compromiso, de tal manera que en estos supuestos el político como individuo se ve reducido a un ente con escasa capacidad de discrepancia.

Tenemos casos recientes, en la derecha y en la izquierda. En el seno del PP cuando se ha producido el debate sobre la Ley del aborto y dentro del la gran familia socialista, con las discrepancias en el seno del PSC, cuando se ha abordado la cuestión soberanista. El individuo sometido por las siglas. ¿Qué espacio queda para las convicciones? Muy poco, porque si el compromiso aflora entonces surgen las férreas herramientas de “coacción” partidista, en el caso del PP negado que vaya a permitir que sus diputados vayan por libre y en el caso del PSOE exigiendo las actas de diputados de los pro soberanistas.

El Consejo de Europa, en un reciente informe carga contra el sistema de elección parlamentaria de nuestro país, basado en las listas cerradas y bloqueadas,  diseñado en 1978 "para poner en marcha un sistema político cohesionado tras años de dictadura". Para la institución europea, ese sistema ha provocado que "los partidos políticos se rijan por estructuras rígidas en las que los líderes se quedan con los poderes de decisión" y provoca que los grupos parlamentarios tengan el control y se ejercite la disciplina interna por encima de la individual. El informe llega aun más  lejos e informa que la disciplina es "decisiva" a la hora de incluir a los diputados o senadores en las listas electorales.

No hay que olvidar que cuando un cargo público electo o por designación accede a sus responsabilidades, previamente ha hecho un juramento o una promesa, dirigida a los ciudadanos y con la constitución como testigo: “Prometo por mi conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo, cumplir y hacer cumplir la Constitución como norma fundamental del Estado”.

 

SERGIO LÓPEZ

 

Tag(s) : #ARTICULOS DE OPINION

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