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                                                    Estepona 29 de Enero de 2013         

¿PORQUE EN POLITICA NO ESTÁN SIEMPRE LOS MEJORES?

En el reciente campeonato mundial de balonmano, la selección española se ha proclamado campeona del mundo, venciendo a la selección danesa por una diferencia de goles impropia de una final. Pues bien a raíz de esta victoria y en un conocido programa radiofónico de deportes se hacía la siguiente pregunta: ¿Por qué le  va tan bien a este país en lo deportivo y tan mal en otros aspectos? Claro está, esos otros aspectos no pueden referirse nada más  que al aspecto de la gestión política. Entre la batería de respuestas eché en falta la siguiente: En el aspecto deportivo nos va fenomenal porque en las distintas competiciones en las que participa España solo van los mejores y a la política no siempre van los mejores. He aquí el dilema.

En el deporte existen  los Nadal, Contador, Pedrosa, Lorenzo...y después los entrenadores, esos líderes informales como Del Bosque, Guardiola, Valero Rivera, Orenga… y los equipos, Selección de Futbol, Baloncesto, Balonmano, Copa Davis…En la política tenemos a los equipos; PSOE, PP, CIU…y sus líderes, Rubalcaba, Rajoy, Mas…  e individualidades como Carlos Mula, Duran Lleida o Bárcenas.

¿Y porqué en la gestión política no están los mejores? ¿Falla el “seleccionador”? No olvidemos que así como en cualquier deporte cada uno de nosotros es “seleccionador”, solo de “boquilla”, en la elección o selección de los políticos lo somos con todas las de la ley. Están quienes nosotros decidimos. ¿Fallamos nosotros, los ciudadanos? ¿No estamos preparados para decidir entre los mejores? No, no se equivoca el ciudadano ante la “pizarra” democrática de las urnas, falla la base; el error está en la propuesta forzada de nombres por riguroso orden de “mérito partidista” que nos ponen delante los responsables de los distintos partidos políticos, canteranos sin apego ni al escudo, ni a la tradición, ni al sistema.

Los partidos se han convertido en un hervidero de intereses y desde esas cocinas se deciden desde concejales a senadores, desde directores generales a miembros de consejos de administración de empresas públicas, desde gerentes a presidentes de diputaciones o mancomunidades y aparecen, sino con el carnet en la boca, que ya lo llevan, si con el vasallaje camuflado en un currículum a la medida. Da igual que realmente sean válidos para esa responsabilidad o no, y en  esa no selección se cuelan mediocres y esa es otra razón del porqué no están los mejores en la gestión del interés general.

Las prebendas que el poder confiere y desde donde se decide a quienes otorgárselas, ese poder de los “aparatos” liderados por Secretarios Generales o Presidentes de partido, quienes apoyados por una legislación bloqueadora de la libertad de elección del militante, les “guían” para decidir qué equipo presentan a las elecciones. O conmigo o contra mí y si no hay personas en el equipo  suficientemente cualificadas para presentarlas a una responsabilidad de gobierno, da igual, lo que haya, pero al enemigo ni agua y esa es otra de las razones de porqué los mejores no están en la gestión de la cosa pública.

Por eso cuando llega el día del partido y se le presenta a los ciudadanos el equipo que va a competir y no nos dejan otra opción que elegir desde el portero hasta el último reserva, podemos apuntar que se ha reducido el acto de decidir en las urnas a un puro trámite administrativo, en un simple mecanismo legal. Desde la cocina nos han servido el menú sin que hayamos tenido, los ciudadanos, la posibilidad real de elegir.

Encadenados a esas estrategias partidistas, y debido a  ese enroque de los partidos para modificar mecánicas estatutarias, que pudieran permitir que cada militante decida por si mismo quienes van a formar el equipo sobre el que decidirán los ciudadanos, hay que propiciar listas abiertas, un militante un voto,  porque debido a esas estrategias  las primarias no son más  que un pasatiempo y no un mecanismo para elegir a los mejores, un pasatiempo para maquillar la elección del candidato del aparato; acabar con los porcentajes que disfrazan de mayorías las prebendas y los vasallajes. Esta sería una opción para que estén los mejores.

Y pasamos al ciudadano y para que este tuviese la oportunidades de elegir  las distintas propuestas de los partidos  con plena libertad, habría que propiciar también listas abiertas para el Congreso, para elegir concejales y parlamentarios autonómicos. Y  ya puestos y dado que últimamente se ha dado por hablar de la necesidad de modificar determinados aspectos de la constitución; ¿Por qué no cambiar el sistema electoral español? En un artículo de hace algunos años, 2008, el País publicaba un artículo de Jorge Urdanoz, titulado  El maquiavélico sistema electoral español  que entre otras reflexiones apuntaba esta:

Su originalidad es tal que los especialistas no acaban de catalogarlo. Aunque la Constitución habla de "representación proporcional", lo cierto es que las desproporciones en los resultados son de las mayores de la escena internacional. No sólo no se garantiza una proporción más o menos ajustada entre votos y escaños, es que ni siquiera se salvaguarda el mero orden en el que los votantes colocan a los partidos: una formación con menos votos que otra puede conseguir más escaños. Por eso muchos estudiosos del sistema no lo consideran proporcional sino mayoritario atenuado”. Este video expresa perfectamente las "debilidades" del método proporcional que impregna el sistema electoral español y complementa el árticulo de  Urdanoz: http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=CZYfjbYgGOo

Quizás necesitemos un sistema electoral como el francés, mayoritario a dos vueltas, tal vez así los nacionalismo dejarían de apretar los dientes y convertirse en árbitros desde la minoría y tal vez así la izquierda por fin seria una izquierda unida, pero no desde las siglas sino desde el convencimiento de aunar fuerzas para derrotar al conservadurismo predomínante en Europa, y desde la afinidad ideología los ciudadanos podríamos vislumbrar una alianza que evite la dispersión ideológica que en este sistema electoral español se produce por el hartazgo de los ciudadanos ante la mediocridad de la mayoría de sus responsables,  con el agravante de que han sido ellos mismos los que lo han elegido; esos ciudadanos hartos de estar hartos, saben que están contribuyendo a fragmentar las opciones de progreso y por eso demandan soluciones desde la base, desde la raíz misma de nuestra esencia democrática. Tal vez si esto sucediese, en política estarían casi siempre los mejores.

 

  SERGIO LÓPEZ

Tag(s) : #ARTICULOS DE OPINION

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