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                                                                                                    Estepona 17 de Mayo de 2013

LOS INSATIFECHOS DE UN PAÍS LLAMADO PIEL DE TORO

Nada le parece bien a nadie. El descontento es generalizado, el ciudadano anda esquivo con la clase política, la clase política, entre ellos esquivando dardos y cicutas. Cristiano Ronaldo no está contento con lo que gana y quiere 22 millones de euros anuales, el Madrid quiere a Neymar para quitárselo al Barcelona, a un joven físico español, premio europeo de física, no lo quieren en España. El ex presidente de Caja Madrid no está conforme con ir a la cárcel y Urdangarin no está satisfecho porque el Juez le pide su declaración de la renta.

En fin en este país llamado piel de toro, que más  que al país se refiere a la península ibérica, no sé qué parte de la piel le correspondería a España, quizás y según Estrabón, siglo I a.c, Se parece [Iberia] a una piel de toro (de buey) tendida en el sentido de su longitud de Occidente a Oriente, de modo que la parte delantera mire al Oriente, y en sentido de su anchura del septentrión al Mediodía. Bueno pues como decía, quizás en este país la insatisfacción va por barrios y cada barrio es un mundo de individualidades y quizás por eso sea tan complicado desalojar y tan fácil que nos desalojen y es que al ciudadano insatisfecho le falta lo que le sobra al ciudadano institucionalizado, léase político, le falta una pegatina. Si, una pegatina, azul, roja, magenta, o verde. Porque en eso han convertido nuestros institucionalizados ciudadanos las ideologías que representan  sus respectivos partidos políticos, en una pegatina. Y claro que, ¿puede hacer un ciudadano insatisfecho sin pegatina? Pues intentar institucionalizar su sufrimiento, de ahí el escrache como arma cargada de futuro.

La insatisfacción acude a la cultura para intentar que se racionalicen las posturas  y a la sanidad para prevenir que la insatisfacción se complique y que por falta de casuística no sean tipificadas, como antaño la hepatitis C, en insatisfechos no A no B. Pero por toda respuesta los institucionalizados de este país, llamado piel de toro, se limitan a expulsar a estudiantes por no pagar las tasas universitarias, caso de la Complutense, y según publica el diario Levante. El centro de salud de Calp exige 132 euros por anticipado por atender a un bebé con 41º de fiebre.

Pero no se preocupen, que los insatisfechos es que se quejan de vicio, y así la emigración de los jóvenes es pura movilidad exterior, mientras que la delegada del Gobierno en Cataluña entrega un diploma a la División Azul y el Monarca renuncia a un yate, regalo de 21 millones de euros de un grupo de empresarios baleares, nada una bagatela que gustosamente cede al Gobierno, ¿será alzamiento de bienes…?

Se puede leer en Wikipedia que la satisfacción es un estado de el cerebro producido por una mayor o menor optimización de la retroalimentación cerebral, en donde las diferentes regiones compensan su potencial energético, dando la sensación de plenitud e inapetencia extrema. Pues bueno, la insatisfacción todo lo contrario, es decir y como diría un castizo y para simplificar, una comedura de coco. De modo que vemos a nuestro insatisfecho de turno intentando retroalimentarse en la trastienda de los supermercados, en los contenedores de basuras o las más afortunadas en las instituciones sociales, mientras los insatisfechos institucionalizados legislan contra la mujer a través de la ley del aborto o contra los insolventes propiciando desahucios, y aquí no pasa nada.

No sería de extrañar que un día de esto algún partido político o algunos de los cientos de grupos institucionalizados, léase que reciben dadivas del cesar, nos sorprendan con un “póngase un insatisfecho en la solapa” y nos obsequien con el típico lacito prendido del típico alfiler y  de esta forma acallaran sus conciencias porque habrán contribuido a que el colectivo de ciudadanos insatisfechos tengan también su pegatina, y así estarán en igualdad de condiciones que el ciudadano institucionalizado. Es como aquella trama organizada, instalada en una conciencia superior, que les robaba los bebes a las prostitutas o a las madres solteras porque no eran dignas de ese don de dios que es un hijo.

Habrá que coincidir con la indignación del roto, que en una de sus viñetas decía: “es que esta gente nos quieren cobrar hasta la agonía”.

 

SERGIO LÓPEZ

Tag(s) : #ARTICULOS DE OPINION

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