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                                                                        ESTEPONA 1 DE NOVIEMBRE DE 2013

 

LA REALIDAD ATROPELLADA

Erase un hombre a una nariz pegada, erase una nariz superlativa…así comienza el soneto que Quevedo le dedicó a Góngora. Pues bien podríamos decir qué el ciudadano de hoy es un hombre a un código de barras pegado. Pretenden convertirnos en mercancía, además de las de todo a cien, nada de mercancía de la quinta avenida o campos elíseos. Mercancía pura y dura, manufacturada en los suburbios financieros, mercancía forjada en las cloacas del estado.  De cualquier estado y cuanto más  poderoso es ese estado más  voraz y sanguinario es el poder financiero que lo sustenta.

Ya apenas se distinguen banderas o colores. Atrás quedaron los años de utopía en los que creímos posible hacer realidad los versos de Alberti, Creemos al hombre nuevo, al hombre nuevo de España, al hombre nuevo del mundo. Quizás haya que exiliarse, estar desterrado, como cantó el poeta, para ser consciente de la orfandad ideológica en la que se halla sumida la izquierda; los dirigentes de una izquierda más  preocupados por la repercusión mediática de sus discursos que por la viabilidad de un programa racional que rompa el corsé de la transición y saque a este país de una realidad atropellada.

Somos códigos de barra para la izquierda y para la derecha. Puro engranaje de una mecánica electoral. Ciudadanos pegados a unos presupuestos, dependemos de la tecla de un ordenador, de un clic de ratón. Nos están programando para servir.

No es extraño oír a ciudadanos ensalzar la suerte de tener un trabajo, aunque se le estén vulnerando constantemente derechos constitucionales, “podemos llorar con un solo ojo”, peor están los que no tienen trabajo. No son conscientes que la mecánica de la reforma laboral  ha propiciado que su trabajo sea el causante de que otros tres trabajadores hayan ido al paro y que trabajar y no tener para llegar a fin de mes, no tener para dar una educación a los hijos es casi tan terrible o más  que estar en el paro y tener las mismas dificultades. El trabajo que esclaviza y no dignifica. Trabajadores de la salud, la educación, trabajando de lunes a viernes y a un 75%. Trabajadores a los que se le acumulan medias horas para hacer peonadas, el incremento de la media hora diaria se utiliza para que trabajadores cualificados hagan peonadas extra y de esa manera evitar que los sistemas públicos contraten a otros trabajadores para cubrir esas horas, a la calle los eventuales y los fijos discontinuos, de modo que los que tienen plaza en propiedad a llorar con un solo ojo.

Los nuevos asalariados, peones de lujo que visten batas blancas o huelen a pupitres y lápices. Los asalariados de las instituciones públicas, y da igual que estas sean de derechas o de izquierdas, que además de ver mermadas sus retribuciones cada vez cuentan con  menos recursos para desarrollar con dignidad sus responsabilidades ante el ciudadano. Un ciudadano que emborrachado de tristeza y penurias es incapaz de distinguir al causante de sus males y que de pronto se convierte en capataz del poder, fustigando con su desesperanza y su ira al asalariado que vela por su salud, su seguridad  o la educación de sus hijos.

Mientras la casta política debate en sus cuarteles de invierno como seguir defendiendo sus parlamentos y privilegios y para ello organizan maniobras de distracción, y entre nacionalistas y barcenas, unos eres y a seguir con él “y tú más”

¿Quien ha traicionado la confianza pública? ¿Quién es quién en este escenario de despropósitos? Nos están conduciendo al servilismo, a callar para no ofender al señor. De aquí a poco comenzaremos a andar hacia atrás para no darle la espalda al señor. Y a este estado podemos llegar porque los cargos electos una vez investido de la purpura mercadean con nuestro votos en los pasillos de los parlamentos, de modo que cuando llega el momento del debate público está pactado tanto el acuerdo como el desacuerdo. "...las tribus de la ciudad que estaban más a la mano fueron a menudo más fuertes en los comicios, y vendieron el Estado a los que compraban los votos de la canalla que componían aquellas." Rousseau


Creo que ha pasado el momento de exigir, porque ante quienes podríamos hacerlo ya no tienen  la potestad de hacer valer el interés general. Les han usurpado la legitimidad que un día el ciudadano les concedió a través de las urnas, o se la han usurpado o la han malvendido, convirtiéndonos de paso en ciudadanos de segunda mano, han mercantilizado hasta tal extremo los derechos de los ciudadanos que nos han dejado no ya solo sin luz, sino que incluso se han llevado el túnel para que nunca encontremos el final.

¿Habrá llegado el momento de asaltar el palacio de invierno? No, porque aquel octubre es irrepetible y mientras en otros países se iniciaba una revolución decapitando a reyes en nuestro país se inicio una transición entronizando a un Borbón. Nuestro palacio de invierno es la constitución, una constitución precocinada para permitir el transito pacifico de una dictadura a una democracia y es en la reforma de la constitución donde radica que este país entre en un nuevo tiempo y que sus gobernantes se reciclen y la moral se restituya.

"Quiero averiguar si puede haber en el orden civil alguna regla de administración legitima y segura tomando a los hombres tal como son y las leyes tales como pueden ser. Procuraré unir siempre, en esta indagación, lo que la ley permite con lo que el interés prescribe, a fin de que la justicia y la utilidad no se encuentren separadas."  Rousseau El contrato social.

 

 

SERGIO LÓPEZ

Tag(s) : #ARTICULOS DE OPINION

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