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Fuente: Encuesta de Población Activa (EPA), Instituto Nacional de Estadística (INE).

Madrid 20 AGO 2013 - 00:00 CET

Desempleo de larga duración, más grave aún que el paro juvenil

Cuanto más tiempo pasa alguien en paro, más difícil es que vuelva a encontrar empleo. Esta máxima, que conocen bien los departamentos de recursos humanos de las empresas, se ha convertido, más de cinco años después de haber comenzado la crisis, en una amenaza muy seria en el deteriorado mercado laboral español. En los últimos meses, la atención se ha dirigido principalmente a un dato demoledor, el 56,1% de los jóvenes está en paro. En cambio, la mayor parte de expertos centran su mirada con temor en otro dato, casi 3,5 millones de parados de los seis que hay llevan más de un año sin trabajar, son desempleados de larga duración.

“Es un problema más grave que el paro juvenil”, sentencia Ángel Laborda, director del panel de coyuntura de Funcas. De la misma opinión que este economista es el catedrático de Sociología del Trabajo en la Universidad Complutense de Madrid, Carlos Prieto, que subraya como esta situación se ha ido agravando durante la crisis y ya afecta a del 58,4% de los desempleados.

Conforme ha crecido el tamaño de este colectivo, el fenómeno se ha generalizado. Como recuerda Prieto, antes el desempleo de larga duración —en Estados Unidos se considera que alguien sufre esta situación a partir de los seis meses— afectaba a jóvenes y mujeres. Pero en los últimos años, ya con la crisis, el perfil de este colectivo se ha generalizado. De hecho, el grueso se centra en quienes tienen entre 30 y 55 años, 2,2 millones.

Y es esto precisamente, que haya tantos afectados de esa edad, lo que agrava la situación y convierte el paro de larga duración en un problema más grave que el paro juvenil. Por mucho que instituciones, Unión Europea y organismos internacionales hayan fijado el foco en el paro juvenil. La explicación: cuando alguien ya tiene esa edad tiene mucho menos margen de maniobra, suele tener hijos e hipoteca, no puede permitirse el lujo de volver a estudiar sin tener otros ingresos y las posibilidades de emigrar se reducen. Y, por último, como explica Jansen, también de Fedea, “tienen más tiempo para recuperarse de las pérdidas que alguien más mayor”.

Pese a este análisis, Jansen no olvida subrayar la gravedad del desempleo juvenil. “Los jóvenes son más vulnerables al paro”, subraya. Sin embargo, también fija el foco “en los parados mayores de 45 años y en los de larga duración con bajos niveles de formación”.

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