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Mitin de cierre de campaña de Unidos Podemos. / Álvaro Minguito

26J: el fin de la representación

DARÍO LOVAGLIO 02/07/16 · 8:00

 

Resulta difícil escribir un comentario sobre las elecciones españolas sin hablar de números. En primer lugar, para empezar a hablar de la segunda ronda española hay que tener en cuenta a los aproximadamente diez millones que se abstuvieron y cuatrocientos mil votos en blanco o nulos. Después de casi un año de campaña, la mitad de los cuales sin ningún gobierno, el 26J vuelve a confirmar al bipartidismo en una votación marcada por temor a la inestabilidad y las aspiraciones independentistas. Un día después del referéndum británico sobre su salida de la UE, el Partido Popular, ahora en el gobierno, –sí, el de la reforma laboral, "ley mordaza ", recortes a la salud y la educación– confirma su posición como primer partido incluso aumenta el número de escaños. En cualquier caso, no serán suficientes para poder formar un gobierno y estarán obligados a recurrir a alguna extraña coalición, a menos que la Troika no imponga directamente su gobierno, signo de los tiempos.

La coalición de izquierda Unidos Podemos, que ha intentado llevar a su terreno el resultado de un cálculo aritmético tras las elecciones del 20 de diciembre, ha tenido que hacer frente a la mala alquimia de la unión entre la vieja y la nueva izquierda, una dependiente de la otra en términos de supervivencia pero ya en un declive inevitable. La suma de las dos fuerzas, de hecho, pierde tres puntos porcentuales con respecto a diciembre, perdiendo la ilusión de la primera vuelta y encontrando una brecha profunda ante los socialistas. Gran decepción, por lo tanto, también para aquel auto proclamado sector del 15M –el que lleva desde el "16 de mayo 2011" diciendo que no son del 15M pero que vienen de las plazas para construir un vinculo para sus manifiestos y plataformas– que ha apostado hasta el último momento por la hibridación entre un movimiento inexistente, un partido construido sobre significantes vacíos y otro en la sala de recuperación.

El triunfalismo de los mitines, cada vez más similar a spots publicitarios y más distantes de la composición social, que tenía como únicos puntos del programa el anti-PP, la patria, la socialdemocracia y el autobombo de la posible "victoria" (¡sic!) como un valor, han acabado poniendo al programa/catálogo de IKEA en el estante, o en muchos casos, en la basura.

En Barcelona la coalición respaldada por Colau, a pesar de ganar las elecciones, pierde alrededor de veinte y dos mil votos, confirmándose como el partido que ha perdido más votos en la ciudad en esta vuelta. Las razones, en este último caso, se podrían atribuir tanto a una marcada orientación de la coalición catalana a favor del reconocimiento de la plurinacionalidad del estado español, como al desplazamiento a la derecha de su versión local que para sobrevivir tuvo que: condenar una huelga de los trabajadores del metro, apoyar públicamente las acciones represivas de la policía sobre los movimientos sociales y los sin papeles y, por último, negociar con el partido socialista.

Resultado igual de malo para la formación de derechas Ciudadanos: con una campaña débil, poca articulación territorial y poca presencia en los medios, ha reducido a su electorado a unos cuatrocientos mil votos en Barcelona. Esto, por lo menos, nos consuela respecto a la preocupación de un posible crecimiento de la derecha xenófoba nacionalsocialista en España, cuyos antídotos han sido por un lado, las luchas vehiculadas por el 15M, y por el otro la falta de credibilidad del partido de Rivera que añade muy poco al debate político, tratando de recoger el posible voto juvenil del PP.
 
Eran muchas las personas que hasta el domingo estaban listas para descorchar una botella de cava en caso de que el sorpasso de Unidos Podemos a los socialistas hubiese sido confirmado por las urnas, como decían las encuestas. En las últimas semanas, de hecho, han aparecido numerosos artículos entre sus partidarios y detractores, que han cuestionado la capacidad de un partido de valorizar por sí mismo el proceso desbordante que se había abierto con el 15M –y que vemos hoy pelear con fuerza y ​​determinación en las calles francesas contra las políticas neoliberales–. Después de haber empujado a la colocación de piezas significativas de movimiento en la campaña electoral y en la profesionalización política –que en la mayoría de los casos, en tiempos de crisis, está también vinculada a la necesidad de buscar un ingreso con una posible carrera– parece como mínimo obligatorio un replanteamiento para poder reiniciar.

 

 

 

Tag(s) : #NOTAS DE PRENSA

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