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EXCLUSIVA | Caso Gürtel

La confesión que me entregó Francisco Correa

 

Las decenas de millones que Francisco Correa escondía en Suiza y otros paraísos fiscales no solo salen de la organización de las campañas electorales del PP, de la megafonía de la visita del Papa o de la adjudicación del pabellón de Valencia en FITUR. La trama Gürtel existió, como existieron las mordidas y regalos de sus empresas, Special Events y Orange Market. Pero la principal fuente de esa enorme fortuna que Correa acumuló no está en esas pequeñas empresas de organización de eventos y sus trapicheos. Viene de otro sitio: de las enormes sumas de dinero en efectivo que Correa cobraba como comisionista a las órdenes del PP y de Luis Bárcenas, según su propia confesión.

Durante la primavera de 2015, acorralado por la Justicia, Francisco Correa negoció su confesión con la Fiscalía Anticorrupción. El principal imputado en la Gürtel ofrecía tirar de la manta: contarlo todo, dar los nombres y los detalles que aún faltan en la investigación de este enorme caso de corrupción. A cambio de colaborar con la Justicia, Correa pedía que la Fiscalía y las acusaciones populares pidiesen para él una condena menor y que redujesen la indemnización que tendrá que pagar por sus delitos.

Las acusaciones populares, entre otros requisitos, exigían a Correa una confesión pública a través de un medio de comunicación: una entrevista donde el principal imputado de la Gürtel admitiese sus delitos y señalase a más responsables. Los abogados de las acusaciones populares se pusieron en contacto conmigo para que realizase esa entrevista en eldiario.es

Para preparar esa entrevista, me reuní en varias ocasiones con Correa, en Madrid y también en Cádiz entre el mes de marzo y el mes de mayo. Hablé con él durante horas y horas, en distintas reuniones. Comí y cené con él. Estuve en su casa, en la urbanización Sotogrande, y allí me entregó en mano un documento, su confesión: la oferta por escrito de colaboración con la Justicia que Correa, a través de su abogado, presentó ante la Fiscalía Anticorrupción. 

 Son nueve folios donde, por primera vez, Francisco Correa relata en primera persona su verdad sobre la Gürtel: sobre el pago de comisiones por parte de grandes constructoras, sobre la financiación del PP en Valencia y en Madrid, sobre el pago de las campañas electorales de Esperanza Aguirre y Francisco Camps, sobre los regalos a políticos, sobre Luis Bárcenas o sobre la misteriosa cuenta en Suiza “Soleado”, de Arturo Fasana. 

La confesión de Correa es una versión interesada: la de alguien que afronta una petición de condena de más de cien años de cárcel y que muy probablemente vaya a pasar la mayor parte de la vida que le quede en la prisión. Pero la relevancia informativa de su testimonio es indudable y su versión de los hechos coherente por una razón: porque en el propio texto Francisco Correa admite gran parte de los delitos que se le imputan y también se autoinculpa en otros que hasta ahora no aparecían en la investigación.

Correa quería ser un pentito, que es como en Italia llaman a los arrepentidos que se ofrecen a colaborar con la Justicia y que por ello reciben una reducción en su condena y una protección especial como testigos. En Italia (o en Estados Unidos), estos arrepentidos han sido claves para luchar contra la mafia. En España la figura del pentito no está regulada con la misma precisión, pero la colaboración con la Justicia también es un atenuante. Anticorrupción tenía margen para negociar con Correa su confesión a cambio de una rebaja de condena; la Fiscalía ya lo hace a diario en infinidad de juicios. 

Como ha publicado eldiario.es esta semana, en el último momento la confesión de Francisco Correa se frustró. La Fiscalía Anticorrupción sí accedió a retrasar el primer juicio de la Gürtel en Valencia para dar plazo a las conversaciones, pero después no quiso seguir. Las acusaciones populares intentaron continuar la negociación, pero fue el propio Correa quien rompió con ellas, a finales de mayo. La entrevista con eldiario.es, tras varias citas pospuestas, quedó definitivamente cancelada. Correa cambió de abogado. Según ha publicado Interviú, la marcha atrás fue porque alguien pagó a Correa por su silencio “un coche lleno de dinero”.

Francisco Correa en estos últimos años se ha convertido en uno de los grandes símbolos de la corrupción. “No puedo coger el tren o el avión porque la gente me insulta, me señala y me hace fotos”, me contó. Ha acabado en dos ocasiones a puñetazos con personas que le han increpado por la calle o en el gimnasio. Tiene miedo a la gente y también se resiste a cambiar su peinado o afeitarse su barba para pasar más desapercibido. “No serviría de nada, al día siguiente estaría otra vez mi nueva foto en los periódicos y me reconocerían igual”. 

Su cara es el icono de la corrupción, y no le falta trayectoria para ello. Pero en la trama Gürtel –que es casi lo mismo que decir la trama España, por su enorme complejidad– faltan muchos otros corruptos que aún están por destapar. 

La corrupción política necesita como mínimo de dos actores principales: un empresario que pague un soborno a cambio de un trato de favor y un político que lo acepte, y que otorgue ese favor (normalmente a costa de los contribuyentes). Y en gran parte de los cohechos en los que Correa participó como intermediario, y que confiesa en su oferta a la Fiscalía, falta por identificar a esos dos actores principales. 

El pentito Correa ofreció a Anticorrupción la vía para destapar a los verdaderos don Vito de la Gürtel: a los grandes padrinos del 3% que aún están impunes. En unas horas, todos los socios de eldiario.es podrán leer de primera mano un documento que, como director de este periódico, tengo la obligación de publicar.

Tag(s) : #NOTAS DE PRENSA

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