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                                                            Estepona 27 de Septiembre de 2015

 

CATALUÑA 2015: EL ESTADO DE LA NACIÓN

 

Cuando un responsable político dimite con el objetivo de provocar unas nuevas elecciones y volver a presentar su candidatura, en realidad lo que persigue es que sus electores, sus compañeros de militancia, el ciudadano en suma, se responsabilice  del coste de sus errores.  En cinco años Mas ha adelantado en dos ocasiones las elecciones al Parlamento catalán, del que fue Presidente por primera vez en 2010.  La primera en 2012 en vez de en 2014 y la segunda en 2015 en vez de en 2018.

La política no es una profesión, es una pasión. Esta frase se la oí a Pepe Múgica, ex de Uruguay, seguramente la habrán dicho muchos otros, pero a él fue al último que se la oí. Y es esa pasión la que no transmiten a los ciudadanos una clase políticamente vieja, aunque biológicamente este instalada en edades que se suponen aún productivas.

Porque la actividad política debe ser un viaje de ida y vuelta, de modo que el individuo no se vea abocado a una carrera de fondo contra su propio destino, que es, como el de cualquier ciudadano, ese status jurídico que le otorga un conjunto de derechos y libertades, pero también una serie de deberes y responsabilidades, y es en aras de esas responsabilidad por lo que el derecho a la participación política, a ser elegido, no debe pervertirse y hacer de esta un modus vivendi en detrimento del resto de la colectividad.

Esa necesidad perversa de perpetuarse quemando las naves y dejando la orilla sembrada de náufragos. Ese intento de continuar navegando con el viento a favor que proporcionan las urnas, dándoles igual los mares por los que ha de navegar, y si una tempestad les desarbola la vela mayor, siempre les quedara el “trinquete” y algún que otro viento favorable.

Las elecciones catalanas han dejado al descubierto, de nuevo, las carencias democráticas de unos partidos políticos que las únicas reglas del juego que dominan son las del desprestigio al adversario y el miedo a cualquier innovación que pueda suponer la modernización de las estructuras del estado.

En este contexto hemos asistido a una campaña desvirtuada por el sesgo soberanista del que han hecho bandera unos y por la refutación de este soberanismo que han esgrimido el resto de fuerzas políticas contrarias a esta tendencia. Ha sido ese miedo a la innovación el que no ha permitido llegar a soluciones de concordia entre las dos bloques y como siempre, en estas situaciones, habrá que acudir a la cita con Machado: Ya hay un español que quiere/ vivir y a vivir empieza/ entre una España que muere/ y otra España que bosteza.

Y es cierto, el ciudadano quiere vivir en una España liberada de políticos carentes de liderazgos, mediocres en su concepto de estado y quiere dejar de pagar en las urnas los errores de esos padres de la patria y quiere abstenerse en los casos de corrupción, porque para eso esta el sistema judicial. Sobre todo lo que el ciudadano no quiere es que lo utilicen como bandera de conveniencia, que lo pongan de barricada para protegerse de las instituciones y las leyes que han transgredido mientras navegan con el producto del saqueo rumbo a sus particulares islas caimanes.

Estas elecciones han venido a poner en primer plano la necesidad que tiene este país de cerrar heridas, de evitar que una España le hiele a la otra el corazón, otra vez Machado.

Sin embargo cada uno seguirá priorizando los intereses partidistas e intentará rentabilizar unos resultados ajustados y no se dan cuenta ni los unos ni los otros que ese no es el mensaje de estas elecciones, no se dan cuenta que el pueblo con estos resultados lo que ha hecho es quitarles la razón a los dos bloques y les ha mandatado para que hagan del diálogo y la  concordia el cordón umbilical de una nueva nación, de una España moderna. Han trazado la línea maestra por la que desean que sus representantes contribuyan a la modernización de las instituciones, a la actualización de las leyes y normas, para que cada ciudadano, sea cual sea su origen geográfico, se sienta libre de la manipulación partidista, libre de corruptos y libres de las decimonónicas sagas y dinastías que han venido arruinando este país secularmente.

Las elecciones catalanas deben servir para unir, deben servir para que este país se deshaga de las viejas políticas, de los políticos que creen  que el estado es una multipropiedad en la que participan como accionistas los respectivos partidos, convirtiéndose estos en meras franquicias al servicio del sistema financiero.

Sacando de contexto la frase de Carvilla, asesor de Clinton, “la economía, estúpido”  podríamos plantear que de haberse resuelto las diferencias en materia económica entre la Generalitat y el Gobierno, de no haberse empezado a sospechar, ya en 2010, que los Pujols no eran tan honorables, y que estaban en marcha operaciones que terminarían por involucrar a Convergencia en la cuestión de la financiación ilegal de partidos, quizas si estas cuestiones se hubieran resuelto en otro sentido la cortina de humo soberanista no se hubiera levantado.

El resultado es incuestionable y representa el desacuerdo entre el pueblo y la política, por más que cada candidato se arrogue la representatividad de cada uno de los votos favorable a su discurso. A unos la cortina de humo les ha servido para reivindicar una identidad cultural que entienden vulnerada y a otros para exigir, como ciudadano, igualdad de trato ante las instituciones del Estado. Esperemos que esta convocatoria haya servido para unir al pueblo contra la arbitrariedad del Estado, aunque cada parte haya esgrimido reivindicaciones distintas pero no divergentes. Presupongamos la suficiente sabiduría en la clase política para saber leer el dictamen de los ciudadanos y  que estos hayan actuado convencidos, desde la ética, de la legitimidad de sus reivindicaciones.

                                                      

 Sergio López

Tag(s) : #ARTICULOS DE OPINION

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