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Foto: ¿Nos ofrecerá la tecnología una forma de inmortalidad? (iStock)

¿Nos ofrecerá la tecnología una forma de inmortalidad? (iStock)

 

“Nuestro futuro no es halagüeño”: la agenda política de los poderosos para el siglo XXI

Aunque el transhumanismo sigue siendo una ideología desconocida para la mayoría de la población, se trata de uno de los más poderosos movimientos intelectuales de las últimas décadas. Y lo que es más importante: su impronta es notable en algunas de las decisiones políticas y económicas que estamos tomando y tomaremos en los años venideros.

Como ha explicado a El Confidencial Albert Cortina, abogado, urbanista, y uno de los mayores estudiosos del transhumanismo en España, este movimiento podría definirse como “una ideología nueva que lo que pretende es que la especie humana mejore, aumentando sus capacidades desde todo punto de vista físico y cognitivo, pero no de una forma natural, como lo hace la evolución biológica, sino interactuando o integrando tecnologías emergentes: nanotecnología, genética, biotecnología, inteligencia artifificial… Pretende de alguna manera que veamos como algo natural y un deber moral la integración con las máquinas”.

Todo esto puede sonar a ciencia ficción, pero hay muchos más transhumanistas de los que pensamos y, además, son muy poderosos. Ayer se celebró en la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, en Madrid, una jornada sobre transhumanismo en la que se presentó el libro ¿Humanos o posthumanos?, una interesante aproximación crítica a esta ideología que Cortina ha coordinado junto al biólogo Miquel-Ángel Serra. El autor ha contestado a todas nuestras dudas.

PREGUNTA. Algunos confesos transhumanistas, como Peter Thiel, Larry Elison y otros gurús de Silicon Valley, están invirtiendo muchísimo dinero en proyectos contra el envejecimiento. Están convencidos de que nuestra esperanza de vida aumentara muchísimo en los próximos años y, más pronto que tarde, la inmortalidad será una realidad. ¿Está de acuerdo?

RESPUESTA. Ellos lo que venden son los tres “súper”: la superinteligencia, la superlongevidad y el superbienestar. No sólo pretenden alargar los años de vida, algo que, en principio, aunque tiene consecuencias sociales y económicas, no tiene por qué ser malo. El problema viene cuando hablan de inmortalidad cibernética, que consistiría en traspasar nuestra consciencia, nuestra idenditad, a un robot, un cyborg o una Inteligencia Artificial (IA). Toda esa idea de trasladar nuestra consciencia a un avatar es una idea utópica que algunos transhumanistas con muchos recursos económicos, y con centros de investigación importantes, están intentando alcanzar. Ahí está. El dilema es si esto será para todo el mundo o sólo para una parte de la humanidad.

P. Al margen de que podamos plantear esto en un plano teórico ¿personalmente cree que es algo que puede ocurrir de verdad? ¿Es técnicamente factible?

R. Hay gente vinculada a la NASA y a Google que lo está intentando para el 2045. Se están invirtiendo grandes recursos económicos para hacer la transferencia de la mente de una persona a un avatar. No sé si será posible, y de aquí al 2045 la humanidad puede cometer un error, podemos destruirnos nosotros mismos o la naturaleza puede vengarse de nuestra especie. Pero sin esos dos aspectos que no controlamos, efectivamente, lo están intentando. 

P. Supongo que estará familiarizado con el concepto de retraso genómico. La evolución biológica sigue un incremento x, pero la evolución cultural va mucho más rápido, a medida que se desarrolla nuestra inteligencia. Este retraso crean numerosos problemas a la especie, como la mayor parte de las enfermedades neurodegenerativas. ¿Podrá la tecnología cerrar esta brecha?

R. Bueno, parece ser que lo están consiguiendo. Y si no es en Occidente, será en Asia, donde los códigos éticos son menos rígidos. En un centro de investigación chino han logrado manipular la línea germinal y producir seres humanos de diseño. La pregunta es ¿quién escoge los defectos a eliminar? No sólo hablamos de personas con discapacidad o con una enfermedad, sino personas sanas que aumentan sus capacidades para evitar los aspectos no deseados del ser humano: la depresión, la agresividad, el envejecimiento... Esto es un tema sobre el que como mínimo deberíamos debatir intensamente. ¿Quién escoge al ser humano perfecto? ¿Quién escoge las no capacidades del ser humano que no convienen al ser humano?

Si desarrollamos la utopía de la inmortalidad cibernética aparecerá una nueva especie, un posthumano que superará al ser humano actual

P. Una de las grandes críticas al transhumanismo es que sólo ofrece una vida mejor a aquellos que pueden permitirse la tecnología necesaria. ¿No cree que el transhumanismo es una filosofía de ricos para ricos?

R. El transhumanismo dice que no, que esto es para toda la humanidad. Pero claro, tiene un germen muy individualista. No se plantea tanto la mejora de toda la humanidad, sino del ser humano como individuo. Vivimos en una sociedad con una cultura de la mejora muy extrema, donde todos queremos enriquecer nuestro aspecto físico e intelectual, muy individualista y marcada por un materialismo impuesto por el liberalismo más extremo. Si sumas todo ello con esas tecnologías que nos permitan evolucionar –o empeorar, no sabemos– hacia un superhombre posthumano, puede ocurrir como en la película Elysium, en la que solo unos cuantos han conseguido estas mejoras y abandonan el planeta, dejando al resto de la humanidad desamparada con el cambio climático y las megaciudades insoportables. Se produciría una fractura que algunos auguran como inevitable: la de una parte de la especie humana que evolucione de una forma no biológica interactuando con las tecnologías y abandone su compromiso social con el resto. Sumando todo, realmente el futuro no parece muy halagüeño. Pero esto se podría revertir con un debate social en el que pensemos si todo lo que podemos hacer nos conviene. Debemos reflexionar en conjunto, y no sólo quienes se lo pueden permitir. Los avances son neutros, pueden ser buenos o no dependiendo de quién los utilice y cómo. Si esta vez se plantea en conjunto, bueno, quizás el escenario futuro sea mejor.

 

P. El problema es que muchos de los transhumanistas más adinerados están evitando el debate por todos los medios. Hace unos meses el cirujano Sergio Canavero, que planea hacer un transplante de cabeza, aseguró que le había contactado un millonario para ofrecerle hacer la operación en secreto. El se negó. Pero ¿puede que se estén dando movimientos en ese sentido sin que nos hayamos enterado?

R. La mayoría de científicos lo están haciendo en centros homologados, con códigos éticos y regulación, pero es verdad que no se puede controlar que en un rincón del mundo de forma secreta se esté desarrollando lo que no se permitiría desarrollar en Europa o EEUU o cualquier lugar donde exista una regulación. Estos son los riesgos, ahí es donde la comunidad científica debe extremar su autocontrol. La sociedad no debe impulsar estas utopias, que son experimentos muy poco racionales. Pero hay gente con mucho dinero, y científicos que persiguen prestigo y, seguramente también dinero. Y ahí está el riesgo, si se mezclan los recursos económicos y la ambición de un científico pueden pasar cosas como las que dices.

P. De un tiempo a esta parte se ha hablado mucho de la posibilidad de que la Inteligencia Artificial supere a la inteligencia humana, con los peligros que esto conlleva. ¿Cuándo cree que se alcanzará la singularidad tecnológica, el momento en que las máquinas superen intelectualmente a los humanos?

R. Sea verdad o no el hecho de que la IA mejora de forma exponencial, algo que algunos expertos dudan, lo que parece seguro es que la IA está en una fase casi infantil, pero aprende muy rápido y en aquel momento en el que supere la inteligencia humana surgirá el debate. ¿Los humanos vamos a seguir controlando esa IA? ¿Será autónomo ese aprendizaje de la robótica si no tenemos una regulación expresa? ¿Puede hacerse autónoma y prescindir del ser humano e incluso que les molesten sus decisiones? En el puerto de BCN la gestión de los containers está robotizada y la hace en parte la IA. Se introdujo un programa avanzando y los gestores no entendían las decisiones que se estaban tomando. Y en aquel momento dieron marcha atrás para rebajar la lógica de la IA. En estos momentos todavía podemos hacerlo, el problema es si en las próximas décadas va a ser posible y si otorgamos autonomía a las máquinas en algún momento esa inteligencia puede tomar el control. Los expertos insisten en que aun estamos a tiempo de establecer las bases. Esto va a ir a más, es indudable, el tema es si vamos a perder o no el control. Además, ¿puede tener la IA conciencia? Si desarrollamos la utopía de la inmortalidad cibernética, del hibridaje entre lo biológico y la máquina, entre el cerebro y el ordenador, se puede producir esa nueva especie, un posthumano que superará en todos los sentidos al ser humano actual en las próximas décadas y que en algún momento puede tomar el control y decidir que nuestras decisiones no son las más adecuadas. Podrían vernos como nosotros podemos ver una plaga de mosquitos, algo molesto con lo que hay que acabar.

P. ¿Qué va a ocurrir con nuestros trabajos? Quizás este es el primer gran cambio y es inminente. Muchos de los trabajos que desempeñamos hoy en día van a desaparecer en la próxima década.

R. En estos momentos estamos viendo la sustitución de trabajos rutinarios. Esto no es futuro, ya existe en mayor o menor medida. Lo que no conseguimos imaginar, y nos lo están anunciando personas que están valorando el factor trabajo, es que algunos empleos no rutinarios, de profesiones liberales como médicos, abogados o periodistas, van a desaparecer también en manos de la IA, que maneja mejor y más rápido los datos. Es un trabajo analítico que pronto hará mejor un ordenador. Hay quien dice que en 10 años en EEUU se van a quedar obsoletos casi la mitad de los puestos de trabajo. Muchas personas piensan que esto no es posible, pero los transhumanistas dicen: "¿Qué paso con la mecanización del campo? Hubo un gran drama y después todo se adaptó". Lo que nos están diciendo es que tenemos unos años por delante de transición dramática, donde la automatización dejará obsoletos muchos trabajos. Y en un momento de crisis económica y social que ni siquiera da respuesta al presente, no parece que vaya a haber respuesta para el futuro. Efectivamente todos estos temas tienen una gran repercusión sobre los puestos de trabajo, que unido al tema de la desigualdad y el control… Podemos tener un panorama no muy halagüeño.

P. ¿Los nuevos trabajos que se creen no podrán sustituir a los antiguos?

R. Con las revoluciones siempre nacen nuevas oportunidades de trabajo y van a aparecer nuevas capacidades, nuevas vías de trabajo que hasta ahora no podíamos ni imaginar. Pero ¿eso va a ser posible para la mayoría? Siempre habrá grupos que sepan adaptarse y tendrán las capacidades necesarias. El tema es qué se hace con los que se quedan atrás, con el descarte, las personas que han quedado obsoletas. Este va a ser el debate que debamos tener. Algunos están abogando por la Renta Básica, aunque no parezca una panacea, porque esa transición tecnológica va a causar muchos damnificados y la solidaridad de los que se hayan adaptado será necesaria si queremos mantener cierta paz social.

P. Parece un conflicto político puro y duro...

R. Sí, en estos momentos sí. Pero no se habla de ello. Se habla de la crisis financiera actual, del eje derecha-izquierda, pero cómo la revolución tecnológica puede afectar a nuestras vidas y a la de las próximas generaciones no es motivo de debate político profundo, cuando es uno de los tsunamis que nos vienen. Hay varios, ahora tenemos el tema de la deuda, pero después viene este, el de la automatización de muchos puestos de trabajo y de nuestras vidas.

P. ¿No cree que los grandes defensores del transhumanismo, los millonarios de Silicon Valley, ocultan tras su aparentemente inofensivo tecnoptimismo una visión política del mundo totalmente radical?

R. Sí. Están confluyendo varias cosas: liberalismo económico, ideología transhumanista, la cultura de la mejora –hay que mejorar a toda costa y rápido, en todos los aspectos– y un cierto relativismo materialista. Hablamos constantemente de valores pero no acabamos de consensuar estos y a la vez deshumanizamos nuestras sociedades creando una tecnología más mercantil que humana. Si sumas todo esto, efectivamente, puede ser que haya una agenda detrás. Puede ser que se esté construyendo esta sociedad a través de un programa político. Parece que sí. Pero también hay gente que utiliza la IA o internet para defender valores éticos o espirituales. Hay ahora mismo una batalla entre nuevos paradigmas, pero en realidad tenemos los viejos patrones y conflictos de siempre vestidos de otra manera.

P. 'La posibilidad de una isla', de Michel Houellebecq, es una de las novelas que más profundamente ha abordado el transhumanismo. Este se alcanzaba a través de una secta, que prometía resucitar a sus acólitos a través de la tecnología, implantando su conciencia en cyborgs. ¿Es el transhumanismo un sustituto moderno de la religión?

R. El transhumanismo como todo movimiento y toda ideología tiene toda una serie de matices. Hay un transhumanismo más liberal, otro más tecnomaterial, pero también uno espiritualista, que está trabajando en la transcedencia, en la conciencia, y ahí si que efectivamente existe la intención de crear nueva religión. Antes hemos unido neoliberalismo con transhumanismo, pero además se puede mezclar con la new age, esta nueva religión occidental fácil que no requiere compromiso yque cada uno práctica de una forma abierta. Hay congresos en los que se habla de ello porque al transhumanismo le interesa muchísimo tener líderes espirituales de las diferentes confesiones. En la secularización de nuestras sociedades puede ser que esa tecnología elevada a religión acabe expandiénsose. Es muy posible.  

 
 

 

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