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HÉCTOR BARBOTTA

@barbotta18 junio 201512:11

 

 

 

Hay quienes sostienen, invirtiendo la tesis de Clausewitz, que la política no es otra cosa que la continuación de la guerra por otros medios. Las trincheras irreconciliables que se siguen viendo aún en nuestros días no ayudan precisamente a desmentirlos.

Pero hay otros que van más allá, y en lugar de alterar la tesis del militar prusiano prefieren perpetuar a Torquemada. Para ellos, la política es la continuación por otros medios de la Inquisición, o al menos de su versión del siglo XX, el macarthismo. La ventaja de esta variante es que a la guerra los contendientes acuden en igualdad de condiciones, mientras que a los juicios inquisitoriales los enemigos son llevados inermes.

Llevamos tres días enfrascados en dos polémicas sin duda esenciales para el futuro de los españoles: los meñiques de la alcaldesa de Jerez y unos chistes sin gracia y de pésimo gusto que un tipo compartió en Tuiter hace cuatro años, cuando seguramente no se le pasaba por la cabeza no ya ocupar un cargo público, sino dedicarle un minuto de su vida a la política institucional. Alguien podría pensar que no tenemos problemas más importantes, que el vuelco político que arrojaron las urnas no se debe a un descontento más o menos generalizado con cómo está el país, y que no hay graves problemas sin resolver que merecerían más de nuestra atención. El motivo no es ése, sino uno bastante más triste: es así como se concibe el ejercicio de la política.

Debe reconocerse el mérito que atesora quien ha rastreado la vida del ahora concejal hasta encontrar los tuits de hace cuatro años. Su trabajo y esfuerzo han dado un triple resultado, que hubiese sido menos efectivo de haber revelado el resultado de su sin duda esforzado trabajo cuando el investigado fue incluido en la lista electoral. Primero, ha conseguido golpear a la nueva alcaldesa de Madrid apenas iniciado su mandato. Segundo, ha permitido explicar qué le espera de ahora en más a los recién llegados. Tercero, ha invitado a recelar de quienes cierran sus perfiles en las redes sociales; seguro que albergan aspiraciones políticas.

La política, más que cualquier otra actividad donde el personal se juega su supervivencia y su manutención, es la guerra. Ayer se cumplieron siete años de la 'operación Astapa', que puso patas arriba el Ayuntamiento de Estepona y alumbró la ficción de que nos encontrábamos ante una segunda versión del 'caso Malaya'.

Transcurrido todo ese tiempo hay motivos para creer que detrás de tanto despliegue de policías armados y encapuchados y de autos judiciales había poco más que cáscara. Y nos permite albergar la sospecha de que en algunos casos también la justicia es la continuación de la política por otros medios.

Tag(s) : #NOTAS DE PRENSA

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