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18 enero 2015

El Huffington Post

 

BARRANCO TAMBIÉN SE VA

Juan Barranco, exalcalde de Madrid y presidente del PSM, anuncia este lunes su adiós a la política... "Otro 'viejo rockero' al que le cuesta reconocer la senda de la 'nueva política' y del 'nuevo socialismo"...

Ante la tumba de Enrique Tierno Galván y durante el transcurso del homenaje que cada año desde hace 29 rinde el PSOE al viejo profesor con motivo del aniversario de su muerte, el también ex alcalde de Madrid Juan Barranco anunciará este lunes su adiós a la política. Uno más. Otro "viejo rockero" al que le cuesta reconocer a esta España en tránsito hacia no se sabe dónde, y mucho más la senda por la que discurre la "nueva política" y el "nuevo socialismo".

Barranco se despide. Deja la presidencia de un PSM incapaz de enderezar el rumbo desde hace 20 años, renuncia al escaño de un más que nunca cuestionado Senado y abandona también la vicepresidencia de la Asamblea de Madrid. Se marcha con 67 años, con un gran sentido de gratitud a los madrileños (fue por dos veces el senador más votado) y a sus compañeros de partido.

Jienense de nacimiento y vallecano de adopción, trabajó desde los 14 años en la Bolsa de Comercio de Madrid, fue encarcelado en 1973 por su actividad sindical clandestina y su solidaridad con los sindicalistas del "Proceso 1001". Un año después ingresó en el PSOE y en 1977 se convirtió en el diputado más joven de las primeras elecciones democráticas. En las municipales de 1983, ocupó el segundo lugar, detrás de Enrique Tierno Galván, en la candidatura del PSOE al Ayuntamiento de Madrid y formó parte del gobierno municipal del "viejo profesor" como primer teniente de alcalde. En 1986, tras el fallecimiento de Tierno Galván, se hizo cargo de una Alcaldía desde la que intentó combatir la especulación urbanística hasta que una moción de censura impulsada por el centro-derecha le arrebató el bastón de mando.

Barranco se despide para siempre de la actividad política porque siente, como antes Alfonso Guerra y antes Alfredo Pérez Rubalcaba, que su tiempo ha acabado; que todas las ambiciones son legítimas ("aunque unas vuelen y otras se arrastren"); que no le queda impulso ni ganas y que no se quiere ver, como algunos de sus compañeros de la extinta "mesa camilla", ni en un Consejo Consultivo, ni en los actos políticos de Ciudadanos, ni siendo instrumento de la derecha. Son tiempos, estos, de otra política en los que el marketing se antepone a los principios; la imagen a los compromisos y la ética y los "telepromter" al verbo suelto y a aquella política que algunos hicieron, como recuerda nostálgico el protagonista de este post, con la edad de la inocencia hoy ya perdida.

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